Las políticas públicas de Acceso Abierto en México

Gracias a varias solicitudes en los últimos días y a la relevancia del tema, ahora que está fresco, decidí hacer una versión en Español de mi último post. [This is a Spanish translation of my last post given multiple requests for it since it appeared a few days ago.]

La semana pasada, el Presidente de México Enrique Peña Nieto anunció vía su página oficial la promulgación de reformas a la Ley de Ciencia y Tecnología, la Ley General de Educación, y la Ley Orgánica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. El conjunto de reformas, escribió Peña Nieto, “permitirá a los mexicanos el libre acceso a la producción científica y académica, que haya sido financiada –parcial o totalmente– con fondos públicos.”

Open Access Mexican-style

Estas reformas supuestamente posicionarían a México dentro de la vanguardia de un movimiento mundial que gira alrededor del Acceso Abierto (Open Access) a publicaciones académicas, no sólo científicas. En resumen, el movimiento Open Access propone cambiar el sistema de acceso a las publicaciones académicas existente que actualmente es ‘cerrado’ – cerrado en el sentido de que para acceder a gran parte del material académico publicado en revistas especializadas hay que realizar fuertes pagos de suscripción a éstas, o desembolsar cantidades significativas para leer artículos individuales. Quienes pertenecen a instituciones de educación de renombre generalmente tienen acceso institucional a estos recursos, pero el público no, a pesar de que la mayor parte del conocimiento producido en estas instituciones se financia con fondos públicos.

Las consecuencias de los cambios legislativos serían entonces, según Peña Nieto:

  • Permitir hacer accesible en línea una gran cantidad de “conocimiento, investigaciones y datos”.
  • Crear un Repositorio Nacional a conocimiento e información científica “de calidad e interés social y cultural”.

Para no quedarse atrás en la carrera tecnológica, Peña Nieto anunció también vía su cuenta de Twitter que “Con Acceso Abierto a la investigación científica, avanzamos para ser un caso de éxito y, por lo tanto, un ejemplo global.”

La opinión pública ha visto en general con buenos ojos las reformas. Me temo que difiero, ya que un análisis minucioso de las reformas muestran que son cambios débiles, ineficientes y con poca probabilidad de éxito para los propósitos que se quieren lograr.

Antes de proceder a discutir detalladamente los cambios legislativos, vale la pena primero dar un contexto de cómo se desarrollaron éstos, para por lo menos evidenciar las buenas intenciones. Las reformas nacen con la propuesta de reforma presentada por la vice-presidenta en turno del Senado, Ana Lilia Herrera Anzaldo. De acuerdo a la información oficial disponible en línea y en una excelente página que fue creada para apoyar el proyecto legislativo, Herrera Anzaldo presentó la primera iniciativa el 14 de Marzo del 2013. El 2 de Septiembre del 2013 se realizó un “primer encuentro con académicos e investigadores para el análisis y la legislación en materia de Acceso Abierto a la Información Científica en la Universidad Autónoma del Estado de México”, siendo retirada la iniciativa original diez días después de la reunión. Supongo que fue retirada a partir del análisis realizado en esa reunión. Una segunda reunión se llevó a cabo en el Senado a la cual acudieron científicos de gran renombre, académicos, políticos de cepa pura, especialistas en derechos de autor, representantes del movimiento de Acceso Abierto a nivel internacional, y UNESCO.A partir de esta segunda reunión se elaboró una nueva propuesta de iniciativa la cual fue presentada por Herrera Anzaldo el 9 de Diciembre, turnándose para discusión a las Comisiones de Ciencia y Tecnología, Educación y Estudios Legislativos.Fue aprobada de forma unánime el 5 de Marzo del 2014, y de igual forma por la Cámara de Diputados un mes más tarde, con lo cual se mandó al Presidente para su promulgación y publicación.

Todo esto puede conocerse, como mencioné anteriormente, vía la página de información de la iniciativa que detalla minuciosamente los pasos que se siguieron. Se da, por ejemplo, un listado de quienes participaron en los dos encuentros que es bastante completo en cuanto a la inclusión de un amplio espectro de personas con intereses en Acceso Abierto, incluyendo; miembros de las comunidades de Acceso Abierto en América Latina tales como los repositorios Scielo y Redalyc que tienen importancia a nivel mundial, bibliotecarios (que han jugado un papel importantísimo en debates sobre Acceso Abierto pues son los responsables de pagar por las publicaciones académicas) y expertos en cuestiones de derechos de autor y copyright. La página ofrece también la posibilidad de comentar las entradas y tiene una sección especializada para capturar comentarios generales del público (aunque utilizada sólo diez veces) y por lo menos algunos de los comenatarios fueron contestados por Herrera Anzaldo, lo cual quiere decir que en algún momento se utilizó como un canal para captar la opinión pública. Se crearon, aparte, campañas de recolección de firmas para apoyar la propuesta y se utilizó Twitter para promover el asunto y los informes.

Para el muy pobre nivel en la calidad de elaboración de políticas públicas a las que nos tienen acostumbrados nuestros representantes en México, donde lo típico es la toma de decisiones basadas en intereses personales, presiones políticas, zalamería y compadrazgos, y donde la voz de los afectados rara vez se toma en cuenta seriamente, el ejercicio alrededor de esta propuesta me parece sofisticado y bien pensado.

Y es por lo mismo que me pregunto cómo es posible que el resultado final haya sido tan deficiente.

Dado que las reformas fueron publicadas en el Diario Oficial de la Federación, es posible analizarlas en detalle. El principio es sólo una definición bastante estándar de lo que es el Acceso Abierto, un poco de paja con respecto a su importancia como bien público, etc. La primera parte importante se refiere a las reformas a la Ley de Ciencia y Tecnología, la Ley General de Educación y la Ley Orgánica del consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT). Específicamente, se agrega un capítulo X a la Ley de Ciencia y Tecnología que en el artículo 69 lee:

Capítulo X. Artículo 69: Los investigadores, tecnólogos, académicos y estudiantes de maestría, doctorado y posdoctorado, cuya actividad de investigación sea financiada con recursos públicos o que hayan utilizado infraestructura pública en su realización, por decisión personal podrán, depositar o en su caso autorizar expresamente el depósito de una copia de la versión final aceptada para publicar en Acceso Abierto a través del Repositorio Nacional, comprobando que ha cumplido con el proceso de aprobación respectivo, lo anterior bajo los términos que al efecto establezca el CONACyT.

Vale la pena dar una pequeña explicación de lo que es un repositorio. A partir de la proliferación del movimiento Open Access alrededor del mundo, las agencias de desarrollo en ciencia y tecnología, los gobiernos nacionales, las universidades y los cuerpos de financiamiento académicos han incrementado la cantidad de ‘mandatos’ que encaminan a los académicos a utilizar los diversos medios existentes para publicar en formas de Acceso Abierto (de aquí en adelante AA). Existen dos formas básicas, el AA ‘oro’ y el AA ‘verde’.

El AA oro es simplemente pagar una cuota a las revistas tradicionales para que el artículo sea de libre acceso universal para cualquiera, con lo cual los gastos de publicación (que rondan generalmente en los cientos o miles de dólares por artículo) recaen en el autor, no en el lector. El AA verde  implica que el autor mismo sube a algún lugar de Internet una versión de su artículo que pueda ser leído sin pagar a una revista, por ejemplo, subiéndolo a su página personal o a lo que se conoce como un repositorio – una página institucional creada expresamente para ello. Una de las grandes diferencias, entre el AA oro y el verde (aparte del costo de publicación para el autor… cientos o miles de dólares en el primer caso y cero en el segundo) es que mientras que el AA oro es material que ha pasado por un proceso de verificación académica formal, generalmente un filtro editorial y luego una revisión por pares, el AA verde puede o no haber pasado por este proceso. Por ejemplo, el primer repositorio de importancia mundial histórica, el arXiv, incluye tanto versiones finales de artículos ya publicados como ‘preprints’ (versiones de un artículo preliminares mandadas a revistas, pero en versiones anteriores al refereo), artículos que nunca fueron enviados a refereo o publicación, material didáctico, notas de cursos, y demás material ‘informal’.

Existen dos problemas graves con el artículo 69. El primero es que, aunque tímidamente ‘invita’ a académicos a subir sus publicaciones al repositorio que se propone crear, en realidad no es un mandato como tal, dado que se deja como una “decisión personal” el depósito. Esto es, depositar es optativo, no obligatorio. Desafortunadamente, y esto debieron saberlo quienes ayudaron a redactar las reformas, este tipo de cuasi-mandatos optativos tienen nulo efecto. Steve Harnad, académico de la Universidad de Southampton en el Reino Unido, una de las voces más activas del movimiento Open Access e inclusive considerado padre no-oficial del movimiento, explica esto sin dejar lugar a dudas, citando estudios empíricos que han analizado las prácticas de depósito y los mandatos:

“Es importante señalar que las políticas sobre Acceso Abierto siempre fallan cuando son simplemente ‘recomendaciones’ o ‘peticiones’, inclusive si son ‘fuertemente recomendadas’. Esto ya había sido anunciado por las encuestas de Swan (2005) y fue confirmado por los estudios de Sale (2006) sobre resultados reales. Fue finalmente evidenciado de forma particularmente dramática por el fracaso rotundo de las políticas no-obligatorias del National Institute of Health (NIH), las cuales sin embargo se volvieron exitosas casi de la noche a la mañana cuando se volvieron obligatorias.

Es muy desafortunado que después del esfuerzo hecho, la redacción de las reformas no tenga la fuerza necesaria para encaminar a los académicos a cambiar sus prácticas de publicación, y esto por haber ignorado la inmensa cantidad de literatura sobre estudios en AA que ya existe. No comprendo como es posible que habiendo participado representantes de Redalyc y Scielo, quienes necesariamente conocen estos debates, se haya ignorado uno de los puntos más cruciales de un programa nacional de AA, ¡su efectividad! Es posible, no lo sé, que en un futuro el CONACyT (principalmente) establecerá mandatos reales, no optativos, a la hora de asignar recursos, pero uno se pregunta cómo es posible que una ley que pretende estar a la vanguardia internacional haya fallado en este punto clave desde el inicio.

Ojalá y este fuera el único problema, pero no es así. De nuevo, tiene que que ver con el Repositorio Nacional, en este caso con su fijación por que sólo sea depositada la “copia de la versión final aceptada para publicar”. Esto es, aunque se le llama un ‘repositorio’ este no es un repositorio tipo AA verde, pues excluye mucho del material que ya antes expliqué se incluye en la mayoría de los repositorios, principalmente los prepints. La fijación con las versiones finales de los artículos (llamados ‘postprints’ en el argot del mundo Open Access) se explica con más detalle en otras partes de las reformas. Así, los artículos 70 y 71 del mismo capítulo leen;

Artículo 70. El CONACyT operará el Repositorio Nacional de conformidad con los lineamientos, bases de organización y demás disposiciones aplicables a fin de dar certeza a los contenidos y seguridad a los procesos de diseminación del conocimiento.
La principal función del Repositorio Nacional será el acopio, preservación, gestión y acceso electrónico de información y contenidos de calidad, incluyendo aquellos de interés social y cultural que se producen en México con fondos públicos. …

Artículo 71. Los contenidos de información de calidad serán aquellos que resulten del proceso de publicación científica y tecnológica formalizado con revisión por los pares del autor y evaluadas por el CONACyT. …

Para quienes estamos inmersos en el mundo del AA, estos dos artículos tienen tantos errores que es difícil decidir por donde empezar a desenmarañarlos. Para empezar, se ignora en ellos uno de los conocimientos más básicos de la cultura Open Access, que es que tanto los preprints como los postprints representan dimensiones cruciales del proceso de comunicación, creación y transmisión de la ciencia y el conocimiento académico. Ignora, por ejemplo, que el éxito del ya citado arXiv no se debió a la búsqueda de estándares de calidad impuestos ‘desde arriba’, sino a que resultó de la evolución a la era electrónica de un sistema de distribución de preprints que existía en la física de altas energías desde sus comienzos, como lo explica Paul Ginsparg, su fundador. Ignora también que mucho del material que existe en los repositorios más importantes a nivel internacional es lo que se conoce como ‘literatura gris’ (grey literature), producción académica de todo tipo (no sólo artículos) que no ha pasado por verificación por pares o ha sido publicada – por ejemplo, reportes técnicos, datos empíricos, monografías, material didáctico, patentes, recursos multimedia, entre muchos otras formas.Inclusive, hay estudios que muestran la importancia de la literatura gris para la ciencia en México. Y por poner sólo un ejemplo de las diferencias entre un repositorio exitoso y el gran elefante blanco que se propone: en el campo de física de altas energías el estándar de comunicación ya no son los artículos refereados, sino la primicia que implica haber publicado un preprint en arXiv. Ojo, que esto no quiere decir que se tenga que abogar por el preprint como el estándar a seguir en todas las áreas académicas como ya he escrito en este blog (aunque algunos de los apóstoles más radicales del AA lo hacen) , pero sí que, desde el punto de vista de cómo funcionan los repositorios, las reformas Mexicanas como están escritas son incongruentes por desinformadas.Y definitivamente no son ni vanguardistas ni progresistas.

El limitar un repositorio sólo a los postprints es un ejercicio anacrónico y desinformado del proceder normal de la ciencia y sus aspectos sociales. Es una posición que ignora la relación entre la literatura ‘informal’, los flujos de conocimiento, y la creación de este. Es limitar la utilidad y de los recursos disponibles a el público general, el público de un país inmerso en la pobreza de la lectura diaria – ya no digamos la científica – que poco o nada puede hacer con la literatura especializada, esté certificada o no.

Para terminar, el último punto que quiero tocar se refiere al último párrafo del artículo 71:

… El presente capítulo y los lineamientos que de él se deriven, respetarán en todo momento la legislación aplicable, incluida aquélla en materia del derecho de autor.

Y aquí está implicada una falla terrible. Aparte de los mandatos,  la otra gran discusión de la comunidad Open Access ha sido con respecto a cual de las versiones de AA que existen, la oro y la verde, se deben promover en un proyecto nacional de AA. En el Reino Unido, por ejemplo, se desató una gran discusión cuando las políticas que se adoptaron hace un par de años estaban muy a favor del AA oro, y no del uso de repositorios como en el caso de casi el resto del mundo (con excepción de Holanda). La discusión la pueden encontrar en otras partes de este blog, pero los punto crítico del debate de ‘verde vs. oro’ (green vs. gold) tienen que ver con;

  • Precios. Publicar en versión oro significa que todas las publicaciones tienen el ‘sello’ de refereo por pares, los servicios que ofrece publicar en un medio profesional (revisión de estilo, archivo seguro, etc.) pero simplemente es muy, muy caro. Otra desventaja es que el refereo es por lo general un proceso lento, y si lo que se busca es comunicar y hacer eficiente la ciencia de un país, el AA oro no puede ser el único medio por adoptarse, y los repositorios ‘verdes’ son en ese caso la mejor opción para comunicar la ciencia entre pares.
  • Copyright. Las revistas académicas están preocupadas, justificadamente, por el uso de repositorios, pues al subir un artículo a un repositorio de AA existen pocos o nulos incentivos para que el consumidor les pague por un acceso que es tan caro. Esto ha llevado a que las grandes casas de publicación académica hayan restringido fuertemente qué tipo de material puede subirse a un depositorio y ha desencadenado una larga discusión sobre quién tiene derechos de autor y de reuso de lo que se publica con fondos públicos. Por ejemplo, la casa Elsevier, la más grande e importante del mundo, prohíbe expresamente que se suba a un repositorio la versión final de un artículo a un repositorio (como establecen las reformas Mexicanas) – esto a menos de que exista un acuerdo de cooperación explícito y que el artículo sólo sea depositado después de un periodo de embargo que va desde uno hasta tres años. Hasta ahora, Elsevier ha realizado acuerdos con muy pocas instituciones, ninguna Mexicana, por lo cual el Repositorio Nacional no podría ser poblado por artículos de Elsevier sin violar no sólo las políticas de la casa de publicación, sino las reformas mismas. Y aunque Elsevier es de las casas más estrictas en cuanto a lo que permite hacer con las versiones finales, en general todas las casas de publicación tienen embargos, lo cual significa que las publicaciones serían del dominio público años más tardes de lo que se publican. En muchas áreas de la ciencia esto significa que sólo se daría acceso a conocimiento obsoleto. [Gemma Hersh, directora de políticas de publicación de Elsevier, amablemente se puso en contacto conmigo para clarificarme que Elsevier sí tiene un acuerdo con CONACYT; para efectos de claridad, sin embargo, dejo el texto original tal como lo escribí] 

El Repositorio Nacional no es sólo ineficiente como se ha planteado, sino también completamente innecesario. Montar un repositorio institucional es relativamente fácil y barato y cada día existen más y mejores soluciones para hacerlo sin pagar un centavo. arXiv, que maneja casi 8 mil depósitos por mes, por ejemplo, mantiene un staff en sitio de sólo un puñado de personas. Existen plataformas de software libre como el Eprints desarrollado en Southampton tal que cualquier institución de educación superior puede montar un repositorio, como de hecho ya muchas lo han hecho desde hace años. La belleza de todo esto es que no importa dónde esté archivado el material, mientras se sigan los estándares de inter-operabilidad existentes el material es fácil encontrarlo por medio de buscadores o portales temáticos. ¿Por qué entonces crear el monstruo burocrático y con información redundante que el Repositorio Nacional suena será? ¿No sería más eficiente, en un país que tiene récords de malgastar recursos públicos en mega-proyectos obsoletos antes de su construcción, invertir eficientemente? Supongo que para hacer anuncios en Twitter suenan mejor los mega-proyectos.

Independientemente de los errores que ya señalé, lo que me parece más preocupante de esta legislación es que estos debates ultra-básicos para cualquier persona medianamente inmersa en el mundo del AA no son siquiera tomados en cuenta dentro de la ley Mexicana. ¿Quiénes son los responsables de haber formulado una propuesta desinformada, incongruente, deficiente e inaplicable? ¿Los políticos involucrados? ¿Los académicos? Como ya señalé al principio, en cuanto al proceso de creación legislativa, en cuanto a su invitación a la participación de expertos y ciudadanos interesados, no veo que sea por ahí la cosa. Pero, aunque ciertamente participaron académicos, me parece imposible pensar que los puntos de vista de académicos expertos en Acceso Abierto hayan tenido mucha influencia en la redacción. Me parece, más bien, que esta visión desgastada y desinformada sobre cómo proceder para revitalizar la ciencia y la academia por medio del Acceso Abierto, de cómo y para qué realizar la difusión del conocimiento, se asemeja mucho a la concepción que he visto de primera mano tienen muchos científicos Mexicanos sobre su propio quehacer. Pero, por ahora queda sólo en eso, una intuición.

Comments

  • Wietse de Vries

    Excelente artículo. Hasta donde sé (por experiencia propia), Elsevier (muy holandesa) maneja con autores e instancias gubernamentales, como CONACYT, el principio de AA oro. Se pueden subir artículos al depositario mexicano si CONACYT paga.

  • raymundolaraalv

    No olvidemos que Web SEO es mercadotecnia “sucia” Y que tenemos que prevenir alas nuevas generaciones.

  • Antonio Sánchez

    Estimado Luis Reyes:
    El próximo miércoles 17 sept. expondré tus críticas a la Ley de Acceso Abierto aprobadas en México, basándome en tu blog y citándote personalmente. Coincido con tus planteamientos.

    • Luis

      Hola Antonio:

      ¿Dónde lo expondrás? Yo estoy ahorita en el DF, me gustaría asistir si es posible.

      Saludos,
      Luis

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